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Un nuevo enfoque sobre la competitividad de las empresas

¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Hoy en día, muchas son las dudas y pocas las respuestas, pero, una cosa aún es cierta: lo mejor siempre vence. Y el gran desafío parece ser exactamente este. ¿Cómo ser el mejor en un mundo en el cual las reglas y premisas están siendo constantemente debatidas y alteradas?

Para Zygmunt Bauman el mundo se tornó líquido. Y es líquido porque no se inmoviliza, no conserva su forma por mucho tiempo. Según él, todo, o casi todo, está en constante cambio. Y ya no es novedad para nadie que vivimos esta inestabilidad. Los modelos de negocio de la llamada economía tradicional están siendo colocados diariamente en jaque. Interesante es observar que, diferente de lo que parece, estos pasajes de una era para otra no ocurren de la noche para el día. Ellas se dan a partir de una sucesión de hechos que, lentamente, van modificando la dinámica social y económica vigente y transformando lo que era antes en algo completamente nuevo y diferente.

Hasta la Primera Guerra Mundial, la mano de obra agrícola era la gran fuerza motriz de las economías. Luego vino el advenimiento de la Primera Revolución Industrial, y esta mano de obra, en la antigüedad concentrada en el campo, comenzó lentamente a migrar para la industria. Los trabajadores de esta nueva era (la Industrial) se multiplicaban a través de los años y sus ingresos crecía cerca de 25 veces, al mismo tiempo en que la carga de trabajo se reducía por la mitad. Luego vino la Segunda Guerra Mundial y el trabajador industrial tradicional también comenzó, poco a poco, a ser sustituido por otro tipo de trabajador: el trabajador del conocimiento.

Actualmente, vivimos en lo que ha sido llamado por los economistas de Tercera Revolución Industrial. Un período marcado por el uso intensivo de la tecnología. La presentación de informes en tiempo real se transformó en el principal combustible del capitalismo. Miles de nuevos modelos de negocios, aunados a una creciente virtualización del trabajador, crean una necesidad de mano de obra especializada nunca antes exigida y las empresas pasan a ter que enfrentar con el desafío de utilizar este poderío tecnológico de forma sistémica y sinergia en sus estrategias de acción. Como es fácil de entender, mantener la estabilidad se ha convertido en un desafío enorme y la única certeza que nos parece probable, es decir, capaz de la prueba, es la incertidumbre”.

¿Y qué lecciones podemos sacar de todo esto? ¿Cómo hacer frente a semejante inestabilidad?

Sobre este tema, el gran pensador alemán del siglo 18 Immanuel Kant nos da el primer consejo: “Se evalúa la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”.

Un concepto moderno de competencia

Tal vez el aspecto más importante de nuestro concepto – Winnability – resida en el hecho de que representa un enorme desafío para la mentalidad estándar del mundo corporativo. Después de todo, él parte de la extraña premisa de que para vencer no es necesario que exista un perdedor.

Este enfoque que, al principio puede parecer algo desafiante, torna evidente el hecho de que en sus entrelíneas ocultaba una idea fascinante. La idea de que el futuro debe ser pensado y construido a partir de propósitos reales y que, de esta manera, el ambiente competitivo continúa siendo importante, pero curiosamente se torna secundario.

Una búsqueda rápida sobre el significado de la competición nos lleva a la siguiente definición: competencia es la palabra que ilustra la interacción de los individuos de una misma especie, o de especies diferentes, que compiten por algo. Esta disputa puede ser por un alimento, por un territorio, por la luminosidad, etc., etc., etc. Luego, el concepto central del significado de competencia parece ser lo de una interacción que favorece a uno a expensas de otros, un proceso selectivo donde existe siempre un vencedor y un perdedor. Representaría, de cierto modo, un proceso de extinción de individuos con bajo poder de adaptación. Y es exactamente ahí que se encuentra nuestro gran desafío conceptual. Creemos y defendemos la idea de que tanto la victoria como la derrota, en el ambiente corporativo actual, es meramente una cuestión individual.

Tal vez, la mejor señal de que nuestro enfoque esté en la propia definición de la palabra perdedor. ¿Qué es un perdedor? Perdedor es aquel que se encuentra en situación desventajosa, que erró el camino, que dejó de ser visto o escuchado. Ser un perdedor no presupone, necesariamente, que alguien haya hecho algo para que él se encuentre en esa situación. Perdedor es, por lo tanto, sólo el nombre que se da a una situación de quien tiende a desaparecer.

Llevando este pensamiento al terreno de nuestra reflexión, lo que ocurre es que la cantidad de empresas que potencialmente tienden a la desaparición se tornó realmente grande. Sobre esta exclusiva perspectiva, estamos todos en la inminencia de nuestra propia extinción o, como nos enfrentamos a él, ante una gran oportunidad de TRANSFORMACIÓN.

¿Cómo vencer en esta transición?

Tal vez te estés preguntando: ¿y ahora? ¿Qué debo hacer? Sé. ¿Existe alguna forma estructurada para enfrentar con todo esto? Nuestra respuesta es sí.

La conquista de ventajas competitivas en un mercado de rápidas y complejas transformaciones ha exigido de las organizaciones una completa reformulación de sus sistemas de creencias, permitiendo así nuevas formas de interpretar y actuar en este nuevo escenario. Y es justamente ahí que nuestro abordaje – WINNABILITY – se torna relevante. Ella fue estructurada para enfrentar con estos asuntos de una manera simple y segura.

Texto extraído del libro “Winnability”, escrito por Gian Franco Rocchiccioli y Gisela Schulzinger.